Bienvenido dolor

Algunas ideas expresadas en el libro “Bienvenido Dolor” de la escritora Pilar Sordo.

Venimos al mundo a aprender a amar, a dejar huella y a ser felices.

Ser feliz es una decisión.

Hay que estar agradecido por lo que se es y lo que se tiene.

Hay que centrarse en lo que uno tiene y no en lo que le falta.

Hay que tener la voluntad de ser feliz.

Es lo que nos pule el alma frente a las dificultades.

El dolor es un compañero de viaje.

Tomar contacto con él nos conecta con nuestras fragilidades, con nuestras emociones simples y complejas y a la larga, con lo más profundo de nuestras vidas.

Los aprendizajes rara vez se producen cuando estamos alegres.

El secreto de nuestra evolución espiritual y afectiva parece estar en las lecciones que rescatamos de nuestros procesos dolorosos.

Tenemos que descubrir para qué llegó en lugar de preguntarnos por qué llegó.

Las emociones mínimas que todo ser humano debería reconocer en sí, expresar cotidianamente y reconocer en el otro son:

alegría, pena, miedo y rabia y el estado emocional que deberíamos ser capaces de codificar es la angustia.

No ocurre en el presente como los cuatro anteriores, sino que es una anticipación de algo que no ha ocurrido.

Si se respira hondo y uno se pregunta ¿dónde estoy? Y ¿qué estoy haciendo?, se ancla en el presente y la angustia disminuye.

Se puede tener la ilusión de que se escapó del dolor con viajes, ruidos, adicciones, pero finalmente se lo reencuentra y más grande que antes.

Hay situaciones de dolor que no se pueden procesar solas y necesitan de ayuda farmacológica.

Depende de la estructura de la personalidad, la situación y otras variables individuales que estos medicamentos sean transitorios o permanentes.

Por eso deberíamos trabajar desde la voluntad para depender de ellos lo menos posible. También se puede recurrir a medicinas alternativas como las Flores de Bach y el Reiki entre otras.

El proceso de mirar, tocar, hacerse amigo y no pelear con el dolor, de no enojarse porque está ahí, es un camino difícil pero mucho menos complicado que toda la fuerza psicológica que se emplea en esquivarlo, negarlo y en todos los recursos que utilizan nuestro cuerpo y nuestra mente para ignorarlo.

El perdón es un regalo que uno se hace más que el que le hace al otro. Debería hacerse con el dolor generado y no con el recuerdo.

Muchos van por la vida con rencores, envidias y rabias sin procesar.

Hay que tener siempre presente que la única certeza es la muerte.

Nadie vive para siempre.

Toda pérdida tiene cuatro etapas: 

  1. La negación
  2. La rabia
  3. La pena
  4. La reconciliación con el duelo.

No son secuenciales ni cronológicas en el tiempo y hasta se puede pasar por las cuatro en un solo día o quedarse en una de ellas por mucho tiempo, volver a retroceder a una por la que ya se había pasado, etc.

Para que un duelo sea completo tendría que pasar todo un año para pasar por todas las fechas que con esa persona fueron importantes: Navidad, Año Nuevo, cumpleaños de ambos, los días que celebraban juntos, etc.

En la etapa de la negación nos damos cuenta de que no tenemos el CONTROL absoluto de nuestras vidas y eso es lo que más queremos, controlar.

En la etapa de la rabia empezamos a buscar responsables.

Aprendemos a descubrir no sólo los dolores evidentes sino también los silenciosos que no se comparten.

Y empiezan los cuestionamientos… ¿Hice todo lo que podía? ¿Pude haber hecho más?

No hay que sentir culpa porque eso se enquista y retarda el proceso de duelo. Hay que reconocer lo que uno pudo haber hecho mejor, pedir perdón o perdonar (*)

La pena o tristeza tranquila es tomar contacto con la ausencia del otro. Hay períodos en que es difícil sacarse al otro de la mente. No hay que tener miedo de llorar porque es bueno y sano y si no expresamos nuestra pena, es posible que nos enfermemos.

Los hombres tienden a llenarse de cosas para hacer y se vuelcan en el trabajo y todo tipo de actividades para acelerar el proceso y las mujeres necesitan conversar y expresar las emociones. Por eso a veces parece que el hombre se recupera antes.

En lo corporal, se manifiesta como estrés y cansancio. Si bien al viajar se descansa, nos aleja de nuestros elementos protectores y quedan al descubierto muchos conflictos que no veíamos.

En la cuarta etapa de la reconciliación con el duelo, la persona que perdimos vuelve con su mejor imagen para que su recuerdo sea incorporado en lo cotidiano con un poco más de paz.

Las contradicciones del duelo

Si nos reponemos pronto o al menos damos esa impresión, parecería que no quisimos bastante a la persona que partió. Aprender a disfrutar sin culpa ni recriminaciones luego de la partida de un ser amado, es una de las situaciones más difíciles de procesar. Cuando se trata de una ruptura y no de una muerte, se hace más difícil todavía.

El grupo familiar tiene que liberarse expresando la pena y no ocultándola a los demás miembros de la familia. Unos querrán hablarlo, otros preferirán llorar abrazados, otros tenderán a conductas de escape como comer y dormir mucho o poco, necesitarán estar rodeados de gente y actividades o necesitaán aislarse. Todas pueden ser actitudes normales siempre que uno no se estanque en ella y deje de transmutar en otras etapas.

En estos casos de muerte, pérdida o duelo, tendríamos que sentir la mayor ternura y misericordia por nosotros mismos.

El cáncer sana

Si bien ya no todos los cánceres llevan a la muerte, no hay nadie que reciba esta noticia con calma, paciencia y optimismo. Todos, aunque sea por breve tiempo, la relacionan con la muerte, el dolor y el miedo.

Cuando se conversa y se vive con naturalidad el proceso, los canales de energía se ubican todos en pro de la ayuda al enfermo y no en tratar de guardar el secreto y no comunicárselo.

La otra alternativa es que con todo el miedo, la frustración y la pena decidamos abrir la encomienda, comunicarla al resto y asumirla como una experiencia de vida para poder descubrir lo que viene dentro de ella.

Muchas veces, a través de la enfermedad se sanan vínculos afectivos dañados y se acercan familiares distanciados. Se dicen cosas que no se habían dicho y muchas cosas que eran importantes antes del diagnóstico, dejan de serlo.

Hay muchos libros que explican la conexión entre nuestros estados mentales y espirituales y el cómo y de qué nos enfermamos como La enfermedad como camino, La rueda de la vida y Yo (no) quiero tener cáncer.

Cuando se cuida a un enfermo crónico, es necesario no auto postergarse y culpar al enfermo. Las personas que acompañan al enfermo tienen que rotar, mantener las rutinas dentro de lo posible, darse tiempo para disfrutar y tener espacios de esparcimiento. Esto es fundamental para no caer en la depresión. Hay que incorporar el sentido del humor como pauta cotidiana y modus operandi para resolver los conflictos que diariamente traiga la convivencia con la enfermedad.

Si el cáncer fue terminal, los que se fueron tuvieron la oportunidad (elegida o no) de irse sin temas pendientes, con todo dicho, habiendo perdonado o pedido perdón si era necesario, incluso pudieron regalar en vida lo que en una partida fulminante no hay tiempo para distribuir.

Si el cáncer es erradicado, la sensación de agradecimiento y de resignificación de la vida hacen que esta encomienda que llegó y tanto dolor produjo, al terminar el proceso, se valore como una experiencia que cambió desde el alma positivamente la mirada de la vida. El que lo padeció valora de modo diferente los afectos y no sólo el enfermo sino todos lo que lo acompañaron en este camino.

Conclusiones

Todos tenemos algo que nos lleva a tener la maravillosa oportunidad de poder elegir nuestra vida y es la actitud.

Es la máxima expresión del libre albedrío y parece ser la clave de todo lo que nos ocurre.

Lo que tenga que pasar, va a pasar igual, independientemente de lo que hagamos para evitarlo desde el más profundo miedo al dolor.

No sólo se aprende desde la tristeza, también desde el goce. Esos aprendizajes son los que nos permiten valorar lo que tenemos y reforzar y mantener los vínculos y conectarnos con el presente y absorberlo con intensidad.

Sin embargo, los cambios de prioridades y de sentido y los grandes giros en la vida se producen siempre después de algo doloroso o después de haber experimentado muchísimo miedo.

Hay personas que no necesitan este libro porque algo hizo que sus vidas dieran un giro y no necesitan que les pasen muchas cosas para aprender.

Son sabios, disfrutan y agradecen el presente, saben que tienen la vida que han construido y si les falta hacer algo, en ellos está el realizarlo.

Se hacen cargo de sus vidas con sus aciertos y sus errores y tratan de dar lo mejor de sí, entendiendo que el dolor llega como una oportunidad para evolucionar.

Son personas que saben y viven sintiendo que a esta vida vinimos a amar, a dejar huella y a decidir ser felices como una obligación y no como un derecho.

Otras personas han tenido pocos o muchos dolores, pero tienen ganas de aprender, necesitan evolucionar y llegar a formar parte del grupo anterior.

La palabra para caminar por el mundo del dolor, es la ternura. Ternura para aceptarnos imperfectos, para reconocer nuestras constantes contradicciones, inconsistencias y ambivalencias, y desde ahí, mucha paciencia para poder evaluar los constantes cambios en nuestros procesos de crecimiento.

El ebook está disponible. Ed. Planeta

(*) yo agregaría perdonarse

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PD: No crean todo lo que leen, busquen en sus corazones el indicio y la vibración que les confirme la verdad y el sentido de las afirmaciones que aquí y en otros lados se realizan! Recuerden que dentro de uds. está toda la sabiduría necesaria!

About Pedro

En la busqueda de mi mismo...
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