El Amor, El Dios más grande

El miedo es un fenómeno humano Universal, algo que experimentamos en la mente, en el corazón, en el cuerpo.

El miedo en la mente toma la forma de duda, duda acerca de tu capacidad para alcanzar lo que determinada situación demanda, duda acerca de en qué o en quién confiar etc., etc…

A nivel del corazón, el miedo toma la forma de enojo y nos lleva a retirarnos y tomar distancias en las relaciones.

Todos experimentamos enojo para auto-protegernos. Lo expresamos de forma pasiva retirando el amor e ignorando las necesidades de los otros, y de forma activa a través de la agresión, el ataque, el enjuiciamiento hacia nosotros y hacia los demás. La noción más universalmente aceptada acerca del miedo es la del miedo a nivel del cuerpo, que tiene que ver con el miedo a la muerte, al sufrimiento y al dolor. Básicamente es la sensación de no tener control sobre tu propio cuerpo, que tu cuerpo te ha traicionado.

En mucha gente aparece como miedo a envejecer, a perder no sólo la vitalidad física sino también la capacidad mental. El miedo a la demencia es muy grande en nuestra cultura.

El miedo a nivel del cuerpo toma la forma de pánico; el pánico es una sensación paralizadora donde el sentimiento te va a desbordar y ese mismo sentimiento va a disolver tu percepción de vos mismo.

El miedo es la más profunda de nuestras emociones, la emoción fundamental. Es la más importante, para que la encarnemos en forma consciente.Por el poder que tiene para robarnos nuestra humanidad, nos hace crueles, nos deshumaniza, nos separa de la sensación de participar en la vida. Cuando el miedo nos toma a nivel profundo, nos sentimos completamente separados y aislados.

A pesar que entender intelectualmente el miedo nos ayuda realmente a acercarnos a él, para entenderlo profundamente tienes que enfrentártele todos los días. No simplemente combatirlo, sino convertirte en su discípulo y permitirle que te enseñe quién eres tú en realidad. Ahí es donde llega el coraje. Debes enfrentarte con el miedo en forma directa.

Hace muchos años, para contarles una anécdota de mi propia vida, tomé la decisión de entrar en un cuarto de mi casa y rezar sin parar, buscando enfrentarme con el miedo de todas las formas que pudiera recordar, pensar o anticipar.

Hice esta meditación, durante casi tres días, y al final, salí al porche de mi casa y de repente, tuve una visión del miedo. Comprendí que el miedo es uno de los más grandes entre todos los dioses. El miedo es un dios al que jamás podrás derrotar, si lo que intentas es pelear con él en su mismo nivel, en el nivel del miedo.

De modo que miré al miedo, me puse de rodillas, apoyé mi frente sobre el piso, me incliné ante él como cuando te inclinas ante un gran maestro, y dije –“Miedo, tu que eres un gran dios, se que jamás podré derrotarte, pero se también que hay otro Dios que es más grande aún, y es al que yo me entrego”-.

Si bien no entendía verdaderamente las implicancias de lo que estaba haciendo, de lo que significaba, entendí sí, de alguna manera, que ese Dios más grande, era el PRINCIPIO DEL AMOR. En ese punto, si bien no había integrado completamente tal comprensión, tomé la decisión de hacerme íntimo con el miedo, de mirarlo directamente, porque en un universo amoroso el miedo es, simplemente, otra relación más, otro lugar para visitar.

Por supuesto, el miedo es a veces una emoción abrumadoramente difícil, pero no tiene por qué dividirte y separarte de ti mismo, del sentido de tu propio y más profundo ser.
Evolucionar en la conciencia, es ser cada vez menos una víctima del miedo. En ese momento de mi vida yo recién comenzaba a desarrollar cierta maestría, sin embargo había recibido ya una comprensión del amor como el principio fundante de nuestro universo. El amor, no tanto como sentimiento humano, sino más bien como conexión y relación entre todas las cosas.

El amor es un Dios más grande que el miedo, y por eso, si uno está parado en el amor, puede mirar al miedo. En un universo amoroso, el principio que todo lo guía es el relacionarse.

En cambio, en un universo donde el miedo sea el dios principal, allí buscaremos evitarlo sedándonos o disminuyéndonos.

Nos cerramos ante aquellas cosas que nos asustan o nos perturban profundamente, aunque inevitablemente, en cierta medida ellas nos alcancen.
En un universo amoroso nos conectamos con el miedo cuando el miedo está ahí.
No se trata de salir a conquistar el miedo.

Jamás presumo que voy a derrotar al miedo, simplemente asumo la relación, voy hacia el miedo, estoy alerta, siento cómo el miedo crece en mi cuerpo, en la actividad de mi mente, trato de relajarme en el miedo.

A veces parece más grande que mi centro, pero mi centro es más grande que el miedo, porque mi centro está en el lugar que llamo amor, ese lugar en donde el universo es una gran inteligencia interconectada.

El miedo quiere que creamos que somos entidades psíquicas privadas, exclusivas y separadas, pero ésta es sólo una parte de la verdad. Porque somos también, y primariamente, una expresión de esa totalidad vastísima.
Cuando tenemos miedo, nuestros miedos parecen tan concretos que creemos que esa persona asustada es quien en verdad somos.

A la inversa, cuando tendemos la mano para tomarla del amor, el movimiento hacia nuestro ser real , parece mucho menos concreto. Ése es un movimiento en la fé.

No hay ninguna evidencia obvia que esto ocurra, a medida que la Fe crece, el miedo se transforma en una fuerza cada vez menos controladora de nuestras vidas, en tanto que la dicha se va transformando en una fuerza mucho más natural.

Cuando te extiendes para alcanzar ese misterio profundo llamado amor, Totalidad, o la Fuente, o El Ser, como aquella raíz de donde emerge toda la experiencia, el movimiento no puede medirse científicamente, y sólo es racional en el sentido de que la consecuencia de no tener dicha relación, es un vivir continuamente como víctima del miedo, huyendo siempre del miedo hacia alguna seguridad o felicidad imaginaria. Aún cuando estemos tomados de la mano del amor, la fuerza de voluntad es necesaria, para poder encarar al miedo.

Mirando la película de Steven Spielberg ¨Salvando al soldado Ryan” y la recreación del ataque a las playas de Normandía. Pensé en estos hombres entrenándose durante semanas. Con bravura, construyendo gradualmente un sentido colectivo de voluntad y decisión, dándole sentido a ese sacrificio que iban a realizar.
Pero imagínate estando en esos botes, viajando en la oscuridad. Luego subiendo a las lanchas de desembarco y llegando a esas playas. No hay forma de escapar al miedo en una situación como esa.

El coraje para enfrentar los sentimientos requiere de la fuerza de voluntad, requiere de la habilidad de quebrar el ciclo de la víctima, de la impotencia. Requiere de la capacidad para decir: ¨Tal vez muera, no tengo poder para impedir eso, me entregué a mi elección de estar acá, de enfrentar lo que debía enfrentar, sin saber si saldré victorioso o siquiera si sobreviviré…

Esta clase de fuerza de voluntad viene de nuestro sentido de significado. El coraje real viene del sentido de estar participando de algo más grande que Yo mismo. La voluntad se genera cuando me doy cuenta de que no estoy solo.

Yo con otros defiendo los derechos humanos, o yo con otros hago frente a la injusticia.

Es algo que viene de nuestros instintos más profundos, acerca de lo que es la verdad, esa relación y esa conexión. Son más verdaderas que la dominación o la disminución del otro.

 ¿Quien soy? ¿Que soy? ¿Adonde voy? ¿Por que estoy en éste mundo?.

El acto fundamental de una persona libre es la habilidad de hacerse este tipo de preguntas.
Las escrituras espirituales enseñan acerca de la compasión, de la naturaleza temporaria de nuestras vidas y el legado que podemos dejar, si permitimos que Dios crezca cada vez más en nuestros corazones, siendo cada vez más capaces de amar y más y más capaces de tener intimidad en las relaciones, será la señal de una libertad real.

Desde ese lugar en nosotros mismos, extraeremos la voluntad de erguirnos frente al miedo. En este sentido, la comunidad es esencial para que crezca ese coraje que nos permite encontrarnos con el miedo.

Recuerda que el legado de tu vida tiene que ver con cuánto Dios haces en tu corazón, que debes afirmarte y demostrar tu FE dentro de la comunidad. El compartir crea una energía colectiva, mucho más grande que la energía que cualquier individuo pueda procurarse solo.

Ahora bien, si te identificas demasiado con esa comunidad, entonces en cierta medida, la comunidad se transformará en un refugio para escapar del miedo. Si perteneces a un culto religioso, o a un culto que se siente a sí mismo como una élite, eso desalentará la posibilidad de una relación respetuosa con toda la gente, de este modo dicha comunidad se transformará en una organización de apoyo mutuo, esas son comunidades de miedo, no son comunidades de Amor, y definitivamente no son comunidades del espíritu.

Las comunidades del amor, intrínsecamente, son las que van más allá de las relaciones humanas.

Hay algunas comunidades que se relacionan con la Tierra, que se interesan por el bienestar de las futuras generaciones de seres humanos y demás criaturas. Son comunidades en donde el interés personal, está en constante equilibrio con la compasión por el bien de todo.

Richard Moss

Fuente: http://www.psicologiamistica.com.ar/

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PD: No crean todo lo que leen, busquen en sus corazones el indicio y la vibración que les confirme la verdad y el sentido de las afirmaciones que aquí y en otros lados se realizan! Recuerden que dentro de uds. está toda la sabiduría necesaria!

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